Muchos jóvenes piensan que la mayoría de los de su edad ya han tenido relaciones sexuales. Con frecuencia, esto les presiona a iniciar una actividad sexual precoz que se asocia con determinados comportamientos arriesgados relacionados con una mayor tasa de infecciones de transmisión sexual (ITS), de embarazos en la adolescencia y tener consecuencias psicológicas adversas, como sentimientos de decepción y arrepentimiento.
La edad de inicio de las relaciones sexuales es una variable particularmente importante para los que diseñan políticas de salud pública ya que el retraso en el inicio de las relaciones sexuales es una medida de prevención básica frente al sida y otras ITS. Sin embargo, la información sobre la edad de inicio de relaciones sexuales obtenida de los estudios epidemiológicos es habitualmente transmitida por los medios de comunicación de una manera que no necesariamente refleja los matices que subyacen en los datos de estos estudios. El público al que se dirige los medios de comunicación, como la población general y desde luego los jóvenes, pueden por tanto hacerse una idea equivocada. Por ejemplo, una posible interpretación errónea de la afirmación de que “la media de edad de inicio de las relaciones sexuales es de 15 años” es creer que “la mayoría” de los jóvenes de 15 años está manteniendo relaciones, cuando lo cierto es que el informe Health Behaviour in School-Age Children 2005/2006 sitúa en el 27% del total el porcentaje de los jóvenes de esa edad que han tenido relaciones sexuales (OMS, 2008).
La media de edad de la primera relación sexual son datos que carecen de precisión para describir la extensión de la experiencia sexual a diferentes edades. Nosotros recomendamos usar los porcentajes de jóvenes, que a diferentes edades, han iniciado las relaciones sexuales, en lugar del uso de medias de edad. Esto reducirá la confusión y ayudará a evitar interpretaciones erróneas.
Si los datos sobre inicio sexual se transmiten a la población de una manera más precisa y clara se evitarán confusiones que puedan frenar intervenciones educativas y de salud pública dirigidas a retrasar la iniciación sexual en los jóvenes (Halperin y cl. 2004), ayudará mejor a los padres y educadores que intentan transmitir la importancia de retrasar la iniciación de la actividad sexual entre los jóvenes, y proporcionará una fuente adicional, muy necesaria, de apoyo a los jóvenes que deciden mantenerse en la abstinencia.
Estas y otras cuestiones son tratadas en el artículo publicado en Archives of Sexual Behavior, en mayo de 2011.





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