El ciclo femenino es una sucesión de cambios periódicos que afectan al aparato genital de la mujer y, en general, a todo su cuerpo. El primer día del ciclo coincide con el primer día de la menstruación o “regla”.

 

El ciclo menstrual consta de tres fases:

(1) la preovulatoria o folicular, que comienza el primer día de la menstruación y dura hasta la ovulación,

(2) la ovulatoria, que coincide con la ovulación y

(3) la postovulatoria o luteínica, que va desde la ovulación hasta la siguiente menstruación.

 

La fase luteínica es la fase más estable del ciclo menstrual femenino. Puede oscilar entre 10 y 16 días según las mujeres, pero suele ser bastante estable en cada una de ellas. Por ello, cualquier variación en la duración del ciclo de una mujer suele ser debida a cambios en la duración de la fase preovulatoria.

 

Durante la 1ª mitad del ciclo o fase preovulatoria, la hormona gonadotropina (GnRH), procedente del hipotálamo (que es una región del cerebro), estimula la producción por parte de la hipófisis (otra región cerebral) de la hormona folículo-estimulante (FSH). Esta hormona, que se libera a la sangre, va a provocar la maduración de los folículos ováricos (pequeñas estructuras dentro del ovario que contienen los óvulos inmaduros). Estos folículos, a la vez que van madurando, fabrican otra hormona: los estrógenos.

 

Cuando la cantidad de estrógenos en la sangre es suficientemente alta, la hipófisis cerebral libera otra hormona: la LH (hormona luteinizante), que es la responsable de que se produzca la ovulación (uno de los folículos del ovario se rompe y libera el óvulo). El óvulo pasa a la trompa de Falopio. Es aquí donde se puede producir la fecundación, es decir, el inicio de una nueva vida humana.

 

Tras la ovulación, el folículo del que ha salido el óvulo se transforma en el “cuerpo lúteo” (por eso esta fase se llama fase “luteínica”), disminuyendo su producción de estrógenos y aumentando la producción de progesterona. Esta hormona es la encargada de transformar la capa interna del útero (el endometrio), para que, en el caso de que se haya producido la fecundación, el embrión pueda implantarse y continuar su desarrollo en el útero materno. Si no ha habido fecundación el cuerpo lúteo deja de fabricar hormonas y se produce la descamación del endometrio o menstruación aproximadamente 10-16 días después de la ovulación.

 

Los indicadores de la fertilidad

 

En los días próximos a la ovulación, los estrógenos inducen en el cuello uterino la producción de una secreción que inicialmente es blanquecina, pegajosa y cuya cantidad va aumentando con los días. La secreción desciende hasta la vulva y produce en la mujer la sensación de estar “húmeda”. Con los días, esa secreción se hace más clara, más transparente (se parece a la clara de huevo) y filante (forma como un hilo cuando se estira entre los dedos), produciendo en la mujer una sensación de estar “mojada” o lubricada. Esta secreción permite filtrar a los espermatozoides y facilita que accedan al útero. También les proporciona nutrientes adecuados para su supervivencia.

 

La ovulación coincide con estos días de secreción más transparente y filante. Una vez producida la ovulación la secreción cervical fértil desaparece y la mujer ya no tiene esa sensación de humedad sino que se siente “seca”. En ocasiones, la mujer puede seguir produciendo algo de secreción en la fase infértil postovulatoria, pero ya no es filante sino densa y compacta, lo que dificulta el paso de los espermatozoides.

 

La progesterona también produce una serie de cambios en el cuerpo de la mujer (hinchazón abdominal, tensión mamaria, cierta irritabilidad, etc.). Es responsable del aumento de la temperatura corporal “basal” (la que se toma tras el mayor reposo, justo antes de levantarse por la mañana). En la fase preovulatoria la mujer tiene un nivel bajo de temperaturas y si ha habido ovulación, en la fase postovulatoria aumenta el nivel de las temperaturas. El desnivel entre ambas fases es de al menos 0,2 grados centígrados.

 

El cuello del útero también sufre cambios durante el ciclo. Funciona como una “válvula”: en la fase fértil el cuello está más abierto, blando, alto y recto; todo ello para favorecer la entrada de los espermatozoides. En la fase infértil el cuello se cierra, está duro, bajo e inclinado.

 

Los cambios en la secreción cervical, en la temperatura corporal basal y en el cuello uterino se consideran indicadores mayores de la fertilidad. Cualquier mujer puede aprender a detectar con precisión su periodo fértil, tal y como lo han demostrado estudios de la OMS realizados incluso en mujeres analfabetas de diversos países. La observación y anotación de estos indicadores en gráficas especiales se utilizan en la Planificación Familiar Natural.

 

 

 

Para más información sobre la fertilidad se pueden consultar los siguientes espacios en la web:

RENAFER (Asociación Española): http://www.renafer.org

COSPLAN (Pamplona): http://www.cosplan.com

 

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